Laura Ibáñez Kuzmanic

¿Por qué es tan importante trabajar con regiones? El desafío de Ch.ACO 17 para Proyectos de Arte

Hablar de descentralización en el arte contemporáneo chileno supone enfrentarse a una paradoja. Desde Santiago, quienes trabajamos en el ámbito cultural hemos escuchado reiteradamente la necesidad de desplazar la mirada hacia las regiones, de ampliar los circuitos de circulación artística y de construir un entramado más extenso de museos, centros culturales, espacios independientes y agentes que no se concentren exclusivamente en la capital. Sin embargo, esta conversación suele partir de una premisa problemática y, a mi parecer, sumamente paternalista: la idea de que es necesario llevar el arte hacia aquellos territorios donde, aparentemente, todavía no ha llegado. ¿Qué sucede si invertimos esa mirada y comenzamos por reconocer las prácticas, investigaciones y comunidades artísticas que ya existen y se desarrollan fuera de los circuitos hegemónicos? ¿Qué formas de producción y pensamiento estamos dejando fuera cuando insistimos en observar el arte chileno desde un único centro?

En un contexto de creciente precarización del sector cultural, donde los recursos destinados a la creación, investigación y circulación artística resultan especialmente limitados fuera de Santiago, numerosos artistas y colectivos han construido sus propios espacios de experimentación, colaboración y encuentro. Muchas veces desde la autogestión, estas iniciativas sostienen prácticas que dialogan con las particularidades de sus territorios, pero que también participan de discusiones más amplias sobre el arte contemporáneo, sus lenguajes y sus posibilidades críticas. No se trata, por lo tanto, de entender las regiones como espacios periféricos a los que debemos conceder visibilidad, sino de reconocer que cada una posee sus propios ecosistemas culturales, sus genealogías, tensiones y modos de hacer. Ecosistemas que no necesariamente necesitan ser legitimados desde el centro, pero sí requieren mayores oportunidades de circulación, intercambio y sostenibilidad.

Obra de Marcela Huitraiqueo Riquelme.

Desde esta perspectiva, asumir la curaduría de Proyectos de Arte para Ch.ACO 17 significó, ante todo, emprender un ejercicio de escucha, investigación y reconocimiento. Me interesaba conocer aquellos proyectos que, pese a desarrollar investigaciones artísticas significativas, permanecen relativamente alejados de los circuitos de exhibición y circulación de la capital. Para ello, inicié un proceso de catastro y vinculación con universidades de distintas regiones del país, cuyas redes permitieron acercarme a iniciativas emergentes y otras de mayor trayectoria que hasta entonces desconocía. Este ejercicio también implicó reconocer los límites de mi propia mirada y comprender que, más allá de los nombres y espacios que habitualmente circulan en nuestro campo, existe una trama mucho más extensa de artistas, gestores y comunidades que sostienen la producción contemporánea en Chile.


Una experiencia especialmente significativa dentro de este proceso fue mi reciente participación, en representación del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, en el encuentro Araucanía Visual II: umbrales de lo contemporáneo. Bajo la curaduría de Valentina Guerrero Rojas, la instancia reunió los trabajos de artistas propios de la Araucanía como Gonzalo Cueto Vera, Marcela Huitraiqueo Riquelme, Matías Fuentes Ibacache, María Moreno Rayman, Nicole Aliste Carrasco y Rodrigo Pincheira Martínez, junto a la artista invitada oriunda de Santiago Gabriela Carmona Slier. Más allá de las obras presentadas, el encuentro permitió aproximarme a una escena artística que se construye mediante relaciones entre artistas, espacios culturales, instituciones y agentes locales, cuyos diálogos no siempre alcanzan a circular fuera de la región. Fué un proceso de mucha escucha y conversación, donde profundizamos en el trabajo de cada uno de los artistas y su profundo trabajo territorial. Desde el trabajo comunitario a la intervención urbana, los trabajos eran tan diversos como su territorio, por lo que, otra vez, me parece injusto denominar este tipo de arte a solo “arte de la araucanía”, no sólo por las distintas temáticas abarcadas, sino también por inspiración de otros medios que van llegando de poco a la región.

Inauguración "Araucanía Visual II: Umbrales de lo contemporáneo".

Aproveché también este viaje para conocer diversas iniciativas independientes de la región que, desde distintas aproximaciones, contribuyen a sostener y expandir la escena artística de Temuco y el Wallmapu. Estos encuentros me permitieron observar cómo, en un mismo territorio, conviven investigaciones atravesadas por las memorias y disputas históricas del Wallmapu, reflexiones sobre los procesos de urbanización y transformación del centro de Temuco, y exploraciones materiales y visuales que emergen de las experiencias cotidianas de quienes habitan la región. Lejos de constituir un lenguaje homogéneo, estas prácticas dan cuenta de una multiplicidad de posiciones desde las cuales los artistas interrogan su entorno, dialogan con sus comunidades y construyen sus propios imaginarios.

Esta diversidad no es exclusiva de La Araucanía. En esta edición de Proyectos de Arte contamos con la postulación de iniciativas provenientes de las regiones de Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, O’Higgins, Maule, Biobío, La Araucanía, Los Lagos y Magallanes. Cada una de ellas se aproxima a problemáticas, materialidades y formas de investigación que surgen de experiencias particulares, pero que no se agotan en su pertenencia territorial. Porque si bien el lugar desde el cual se produce una obra puede incidir profundamente en sus preguntas, sus materias y sus lenguajes, tampoco podemos reducir las prácticas artísticas regionales a una representación de su geografía o de su identidad local. Los artistas no son portavoces de un territorio entendido como una unidad cerrada; sus obras también lo contradicen, lo imaginan de otras maneras y ponen en tensión las narrativas mediante las cuales solemos comprenderlo.

Obra de Gonzalo Cueto y María Moreno Rayman.

Quizás uno de los principales desafíos de trabajar con regiones sea precisamente evitar que la descentralización se transforme en una categoría meramente representativa, donde la presencia de artistas provenientes de distintos lugares del país sea suficiente para dar por resuelta una desigualdad que es, ante todo, estructural. Ampliar la participación constituye un primer paso, pero también es necesario preguntarnos por las condiciones materiales que permiten sostener esas prácticas, por las redes de colaboración que pueden construirse entre territorios y por las posibilidades de generar vínculos que trasciendan la temporalidad de una feria. En ese sentido, me interesa pensar Proyectos de Arte no solo como un espacio de exhibición, sino también como un lugar de encuentro donde distintas experiencias puedan reconocerse, entrar en conversación y proyectar nuevas formas de colaboración.

Si entendemos el ecosistema artístico chileno como una trama de relaciones antes que como una estructura organizada desde un centro hacia sus márgenes, la descentralización deja de ser únicamente un problema de distribución geográfica y comienza a plantearse como una transformación de nuestra manera de mirar, investigar y vincularnos. Un desplazamiento que nos exige reconocer que el conocimiento, la experimentación y la creación artística se producen simultáneamente en múltiples lugares, muchas veces al margen de nuestra atención. Mi deseo para esta edición de Ch.ACO 17 es que Proyectos de Arte contribuya a abrir esos cruces para permitir que sus múltiples voces se encuentren sin perder su singularidad. Que la feria sea también una oportunidad para reconocer aquello que se produce más allá de nuestros recorridos habituales y para comprender que el arte contemporáneo en Chile no se construye desde un único lugar, sino desde una constelación de experiencias, afectos, conflictos y formas de imaginación que, al encontrarse, amplían las posibilidades de pensar y habitar colectivamente nuestro territorio.

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