Agosto, 2026
El territorio que habitamos acaba, de algún modo, habitándonos a nosotros. En Montañas mías, Gabriela Mistral explora su vínculo con la cordillera de Los Andes: «no las dejé ni me dejaron / como a hija trascordada […] me las tuve y me las tengo / todavía, todavía, / y me sigue su mirada». ¿Qué significa crecer bajo la mirada de una montaña, junto a la inmensidad del mar o bajo la luz inclemente del desierto? ¿Cómo se transforma esa experiencia cuando pasa por las manos y los lenguajes de un artista?
Habitar Chile es convivir con un territorio que se adhiere a la mirada de diversas maneras y persiste en nuestro cuerpo. Tal como a Mistral, mientras lo observamos, algo de él nos devuelve la mirada y transforma nuestra manera de percibir. A la vez, nos ofrece materias, relatos y formas de sensibilidad que atraviesan el arte producido a lo largo del país. La luz no cae de la misma manera en el desierto que en el bosque austral; tampoco la distancia, la materia o la memoria se experimentan igual desde una ciudad, un valle, una isla o una comunidad cordillerana. Acercarse a estas obras supone reconocer que cada práctica artística se encuentra ligada a esas condiciones específicas de vida y producción. Implica recorrer un Chile que no cabe en una sola imagen, que se revela mediante una constelación de experiencias locales que piensan el presente, cuestionan las estructuras heredadas e imaginan nuevos futuros posibles. Reunir estas experiencias significa crear las condiciones para que dialoguen desde su singularidad.
Más allá del ejercicio de seleccionar obras o construir exposiciones, para mí, la curaduría consiste en generar espacios corales, puntos donde diversas voces se encuentran: artistas, públicos, territorios, agentes culturales e instituciones. En ellos me interesa abrir preguntas, aflorar sensibilidades y ensayar otros modos de entender el arte. Antes que ofrecer respuestas que clausuren el intercambio, me interesa propiciar espacios donde las diferencias puedan rozarse, dialogar y conservar su propia voz. Esa apertura al encuentro requiere una práctica capaz de sostener los procesos y reconocer las relaciones que emergen entre ellos. Curar, así, implica acompañar procesos creativos, propiciar diálogos, investigar para hacer visibles relaciones latentes. A ello se suma mi convicción de visibilizar la voz de jóvenes artistas que marcarán una generación del nuevo arte en Chile, una mirada que se ha fortalecido a partir de mi aprendizaje en diferentes instituciones nacionales e internacionales, como el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, el Museo de Arte Contemporáneo; en instancias internacionales como la 13° Bienal de Berlín y la COP30; y en espacios independientes como Departamento Jota y Galería Cripta. En ellos, la colaboración suele imponerse sobre la competencia, la experimentación sobre la certeza y la comunidad sobre la lógica de la productividad. Son lugares donde el arte se construye desde la imaginación, los deseos y complicidades, y la voluntad colectiva, expandiendo permanentemente los límites de lo que entendemos por práctica artística.
Asumir la curaduría de Proyectos de Arte para Ch.ACO 17 significa una oportunidad para reconocer la amplitud del ecosistema artístico chileno: artistas provenientes de distintos territorios del país, con diversos recorridos, generaciones y modos de hacer. Un lugar donde convivan investigaciones de largo aliento con propuestas emergentes, prácticas individuales con experiencias colectivas, y donde el territorio, –ese estrecho callejón sobrevolado por tordos en la poesía de Rosabetty Muñoz y esa geografía que, como las montañas de Mistral, no la dejamos ni nos deja– aparezca como una fuerza latente que atraviesa las obras, los cuerpos y las formas de producción.
Espero que esta nueva edición sea una invitación a encontrarnos desde la curiosidad y el diálogo. Que las obras puedan abrir conversaciones, generar vínculos inesperados y recordarnos que el arte sigue siendo una de las maneras más sensibles y críticas de habitar el mundo. En un país tan diverso como Chile, la creación contemporánea constituye un mapa de experiencias diversas que se encarna en artistas, colectivos e instituciones que dialogan con sus realidades locales. Mi deseo es que Proyectos de Arte sea un espacio donde esa riqueza pueda desplegarse con libertad, profundidad y generosidad; y que, como las montañas mistralianas, estas obras no nos dejen del todo, sino que continúen habitándonos como un eco y siguiéndonos con su mirada.
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