La curaduría es una práctica donde se encuentran una serie de fenómenos y relatos en relación a las obras, los espacios que las albergan y las “audiencias” que interactúan con ellas. En este sentido, su despliegue no solo se enfoca en la reflexión en torno a la colección de un museo, sino también al entorno en donde se sitúa y dialoga con distintos tipos de prácticas culturales, comunitarias, entre otras.
El MSSA presentó la exposición Las ideas felices son así (2024 – 2025) como una curaduría colectiva realizada por todxs los trabajadorxs del museo tomando en cuenta su relación con la colección del museo, los públicos y las comunidades circundantes a este importante espacio de exhibición. Esta curaduría colaborativa nos da ciertas pistas sobre cuáles serían las estrategias para reconstruir vínculos más productivos entre arte y vida, una cuestión fundamental para el entendimiento no solo de la colección del MSSA sino de la historia del arte moderno occidental del siglo XX. (Como es sabido, la colección de este museo está marcada por el gesto fundacional del llamado en 1971 a los artistas del mundo a donar obras para construir un museo “moderno y experimental” para el pueblo de Chile).
Las ideas felices son así.
Además de las afectaciones evidentes de la época producto del golpe y la dictadura de Pinochet, la colección (o sea, las obras donadas) se ha visto disputada hasta el día de hoy, sospecho por algo encarnado en la propia imagen del museo, es decir, en su definición. Me parece clave que podamos leer esta exposición como un gesto de redefinición de los alcances, los intereses y el impacto de los museos (en este caso del MSSA) más allá de la “salvaguardia” o conservación de sus colecciones según predisposiciones históricas que, sospecho, aún no son lo suficientemente discutidas. Las pistas evidentes que nos entrega esta exposición tienen que ver con la relevancia del reconocimiento de las diversas audiencias y los diversos intereses que éstas encarnan. No solo son comunidades, sino grupos etarios, grupos que comparten intereses en común, encuentros de personas con las mismas necesidades, así como también sujetos que reafirman y nos recuerdan la prevalencia del apego a las historias, la memoria y la tradición desde un lugar más amable (afectivo).
Las salas del segundo piso del museo estaban cuidadamente diferenciadas por un montón de estrategias museográficas en su mayoría materiales, que además de indicar las particularidades temáticas de cada salón tanto por las obras de la colección y sus montajes, como por los colectivos artísticos o comunitarios que también fueron invitados a intervenir el guión curatorial y los usos de la sala. Esto se interpretaba como una invitación a permanecer en el edificio no solo como un espectador, sino como un cuerpo testimonial, presente, en descanso. Sucedía entonces que de alguna forma, ciertas obras pudieron reencontrarse no solo con el mundo público, sino también con otras subjetividades. De otra forma, obras que se pueden ahora entender como repositorios de memorias, y que se reactivan a propósito de la condición no lineal de la historia, recalcando con ello su cercanía con los procesos sociales, económicos y políticos que se han experimentado los últimos años.
Las ideas felices son así.
Finalmente, reconocer que la curaduría no es solo un argumento para disponer antojadizamente obras en un museo, me parece un gesto tremendamente importante al momento de perfeccionar, o quizás para simplemente imaginar nuevos tipos de interacciones no solo entre el arte y la vida, sino también entre los museos y sus comunidades.
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Sobre Sergio Soto Maulén
Peñaflor, Santiago, Chile, 1993. Editore, crítico y curadora. Egresadx de Teoría e Historia del Arte del Departamento de Teoría de las Artes de la Universidad de Chile. Actualmente es parte de Comunidad Planctónica, colectivo que sigue la deriva de los organismos planctónicos como una metáfora para pensar nuevas formas de vincularse materialmente desde los desplazamientos, las derivas, los vínculos orgánicos, y las relaciones materiales del medio oceánico.
Sobre el Museo de la Solidaridad Salvador Allende
El Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA) es un museo de arte moderno y contemporáneo con una de las colecciones más importantes de América Latina: su acervo cuenta con más de 3.100 obras, cifra que se incrementa gracias a las nuevas donaciones de artistas contemporáneos de significación histórica.
A lo largo de los años, el Museo se ha constituido como una institución destacada por su atípica historia de conformación, su línea curatorial de arte y compromiso, y su trabajo de mediación y vinculación territorial.































