Katrin Klapp Oliger

Transición creativa del diseño editorial: desde tangible a lo digital

Como diseñadora gráfica, me resulta inevitable mirar, con cierta nostalgia y fascinación, el camino que ha recorrido del diseño editorial en las últimas décadas. La manera en que concebimos, producimos y experimentamos las publicaciones ha cambiado radicalmente. Aquello que antes se entendía como un oficio artesanal, ligado a la tinta, al papel y al trabajo minucioso de imprenta, hoy convive con un universo digital donde las páginas son pantallas y los lectores se convierten en usuarios.

Durante gran parte del siglo XX, el diseño editorial fue sinónimo de impresos: libros, revistas, catálogos, afiches, periódicos. El diseñador se movía entre maquetas físicas, pruebas de color y decisiones táctiles: el gramaje del papel, la textura de una portada, la sutileza de una tipografía impresa. Cada elección implicaba una sensibilidad que unía técnica, estética y comunicación. Era un proceso tangible, casi ritual, en el que el resultado final podía tocarse, olerse y conservarse.

Con la llegada de la era digital, ese universo comenzó a transformarse. La irrupción de los software de diseño, la expansión de Internet y la aparición de nuevas plataformas de lectura, desplazaron buena parte de la producción editorial hacia lo virtual. Las publicaciones se volvieron más dinámicas e interactivas; los textos incorporaron hipervínculos, botones, animaciones y videos. El diseño editorial dejó de limitarse al formato impreso para expandirse a múltiples soportes, donde la interfaz, la navegación y la experiencia de usuario pasaron a ser protagonistas.

Esta transición abrió un campo inmenso de posibilidades creativas y de acceso. Hoy, un libro digital puede llegar a miles de personas en distintos países de manera instantánea. Las revistas online se actualizan en tiempo real, los catálogos se adaptan a pantallas móviles y los lectores pueden interactuar con el contenido. Sin embargo, también se ha perdido algo del vínculo sensorial que ofrecía la materialidad impresa.

 

Existe una diferencia profunda entre leer un libro en una pantalla y sostenerlo entre las manos. El papel tiene una temperatura, un olor, un sonido. La experiencia física del libro o la revista impresa involucra el cuerpo y la memoria.

Por eso, aunque gran parte del diseño editorial se ha digitalizado, siguen existiendo quienes atesoran los libros de arte, los catálogos de diseño o las ediciones limitadas como verdaderas joyas gráficas. En ellos se condensa una manera de entender el diseño no solo como medio de comunicación, sino como objeto cultural y sensorial.

Los libros de diseño, fotografía o ilustración impresa poseen una cualidad casi ritual: la contemplación. No se hojean con prisa, sino que se recorren lentamente, apreciando la composición, el papel, las tintas, las encuadernaciones. Son obras que invitan a detenerse. En un mundo dominado por la velocidad y la inmediatez digital, esa pausa se vuelve un acto de resistencia y de amor por el oficio.

El desafío del diseño editorial contemporáneo, a mi juicio, no está en elegir entre lo impreso o lo digital, sino en encontrar un diálogo entre ambos. Lo digital nos ofrece inmediatez, alcance global y experimentación interactiva; lo impreso nos entrega permanencia, tacto y profundidad. El buen diseño editorial no desaparece: se adapta, se reinventa, cambia de soporte, pero mantiene su esencia narrativa y visual.

Typo/graphic posters. Retour Chariot, Ruben Bähler y Robin Eberwein.

 

Hoy, las publicaciones digitales también dialogan con el marketing de contenidos y los medios sociales, permitiendo niveles inéditos de interacción y personalización. Los lectores ya no son solo receptores, sino coautores que participan, comentan y comparten. La inteligencia artificial y los algoritmos de recomendación abren paso a publicaciones que se adaptan a los intereses y emociones de cada usuario, haciendo de cada lectura una experiencia única.

Además, los formatos editoriales del futuro no se limitan al e-book tradicional. Están emergiendo propuestas híbridas que integran texto, imagen, animación, sonido, video y realidad aumentada, dando origen a experiencias de lectura inmersivas y multisensoriales. En este escenario, el diseño en Interacción digital adquiere un papel central: una disciplina nueva y visionaria que muy pocas universidades imparten, pero que se proyecta como clave en la creación de los lenguajes visuales y narrativos del mañana. Desde esta mirada, las publicaciones dejan de ser objetos estáticos para transformarse en espacios dinámicos y participativos, donde el lector se convierte en usuario activo, capaz de explorar, manipular e intervenir los contenidos, haciendo de cada lectura una experiencia única y personalizada.

El diseño editorial sigue siendo, en el fondo, una forma de contar historias. Y aunque los soportes cambien, lo que permanece es la intención de comunicar con belleza, claridad y emoción. Quizás por eso los libros impresos seguirán existiendo, mientras las publicaciones digitales continuarán expandiendo sus límites hacia territorios inmersivos, sensoriales y personalizados. El futuro del diseño editorial, más que oponerse al cambio, será aprender a diseñar experiencias donde el contenido cobre vida y el lector se transforme en protagonista.

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Sobre Katrin Klapp Oliger

Directora Escuela Diseño y Artes Digitales, Universidad Gabriela Mistral de las carreras Diseño en Animación Digital, Diseño de Videojuegos, Diseño en Interacción Digital y Diseño en Marketing Digital.
Diseñadora Gráfica, UDP, 2004. Master en Diseño Editorial y Publicaciones Digitales, Escuela Superior de Barcelona y Universidad Internacional de Valencia, España.

Typographica.

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