Octubre, 2025
Con un cruce entre pintura, instalaciones, performances y otras prácticas, la curadora argentina radicada en Estados Unidos, Marisa Caichiolo, invita al público a cuestionarse qué tan vulnerables somos frente al avance tecnológico a través de “El rostro como medio y reflejo: la rebelión biométrica”, la tercera muestra del Museo Arte Al Límite.
En las grandes ciudades, entregar el rostro a la tecnología ya no parece un hecho distópico, sino parte de lo cotidiano: personas que venden su iris por $30.000 pesos en los centros comerciales, puertas que se abren con reconocimiento facial, aeropuertos donde basta una foto en vez de pasaporte. La cara dejó de ser solamente cara y pasó a ser una herramienta digital.
Esta nueva exhibición invita a reflexionar sobre cómo, a lo largo de la historia, el rostro, el retrato y el autorretrato han sido vehículos de exploración de identidad, poder y vulnerabilidad. Pareciera ser que el futuro distópico ya está aquí, que la Inteligencia Artificial avanza más rápido de lo que creíamos que podía, y que los seres humanos están altamente expuestos a una inminente era de simulación, vigilancia y robo de datos.
El museo está ubicado en Panquehue, un pequeño pueblo rural ubicado a 108 kilómetros de Santiago, con cerca de 7.000 habitantes. Sin embargo, la ruralidad no está ajena a los riesgos de la era digital. Para Caichiolo, incluso estas comunidades se encuentran expuestas a los peligros que implica la recolección y manipulación de datos biométricos. Hoy en día nadie está exento.
Es por ello que conversamos con la artista y curadora que dio forma a la próxima inauguración del Museo Arte al Límite, que estará abierta al público desde el sábado 4 de octubre a las 17:30 horas hasta marzo de 2026.
MARISA CAICHOLO: Nace del estudio de la colección permanente del museo, donde encontré obras fotográficas, pictóricas y escultóricas que abordan el retrato y el autorretrato desde perspectivas fragmentadas o desdibujadas. Históricamente, los artistas han cuestionado la identidad a través del rostro, y quise articular esa línea con los dilemas actuales: digitalización, robo de identidades y datos biométricos. Sumé artistas contemporáneos que trabajan con pulso, pupilas, huellas digitales o experiencias inmersivas, mostrando cómo la vulnerabilidad se convierte en un campo de poder. Hay un juego entre obras que, casi de manera inconsciente, ya exploraban la descomposición de la identidad, y las de quienes investigan directamente la era digital, marcada por vigilancia permanente, inteligencia artificial y manipulación de información. Por ejemplo, Joaquín Fargas trabaja con datos biométricos como el pulso y la pupila; Yoon Chung Han invita al público a escanear sus manos y huellas digitales para transformarlas en rutas y diagramas de ciudades; y Ana Marcos, junto al colectivo español 3Dinteractivo, analiza cómo la tecnología altera la existencia cotidiana y la imagen personal, en un delicado equilibrio entre poder y vulnerabilidad. Lo que busqué fue articular ese diálogo: obras históricas que hablan de identidad –desde hace décadas– y piezas contemporáneas que la confrontan con los riesgos de nuestro presente.
MC: En el caso de Eugenia, su registro del levantamiento de 2019 en Chile, en que muchas mujeres cubrían sus rostros para no ser identificadas, se conecta directamente con la resistencia al control y a la violencia. Me parece una coherencia absoluta. Ocultar los rostros es un acto de resistencia en sí, una estrategia de protección, y el resistirse al reconocimiento por intermedio de las autoridades que pueden generar violencia. Cecilia Avendaño, en cambio, trabaja con una fotografía en blanco y negro donde el rostro se desdibuja, imposibilitando una lectura biométrica clara. Por último, Mario Soro fragmenta los rostros de sus personajes con gemas, cargando su obra de una fuerza política y social muy intensa. Los tres, desde distintos lenguajes, cuestionan la identidad como dato y como imagen, proponiendo estrategias de ocultamiento, desdibujamiento o transformación. Todos estos artistas, de una manera u otra, están denunciando a partir de esta imagen, y dando una nueva identidad a los personajes de sus obras.
MC: Cada artista aborda esa ambivalencia desde su propia mirada y creo que cada uno habla de lo que les pasa interiormente. Tienes a Diana Beltrán de Colombia, en que el rostro se divide en pequeñas estructuras reflejando una fractura social y personal. En muchos casos, hay una mirada que embellece y al mismo tiempo podemos ver el alma del propio artista, especialmente donde a pesar de estar desdibujando los rostros, puede articularse lo que sienten. Como en el caso de Luis Barba, con el collage y fotos asociadas con lo político y social, generando esta especie de rostro total. Hay un recorrido en la secuencia curatorial donde va pasando por diferentes etapas, hay videos, intervenciones e instalaciones interactivas en que el visitante va a interactuar con el artista. Por ejemplo, con Fargas, el espectador va a interactuar con su pulso en vivo. O en el caso de Ana Marcos, los visitantes van a poder interactuar con la obra y analizar cómo les afecta personalmente este tema del control y la utilización de datos. Pero al mismo tiempo, hay obra de la colección que es más pasiva, que invita al espectador a tener una mirada más conectada con la belleza, con el alma. Una parte de la exposición va escalando de una manera de llegar a conectar con el público desde hacerse diferentes preguntas sobre cómo afecta hoy por hoy la inteligencia artificial, el robo de datos y de identidades. Creo que es una invitación a ver cómo podemos visualizar el futuro, que ya está aquí.
MC: El arte está en uno de los momentos más complejos. Algo que encuentro súper interesante es que en Estados Unidos están abriendo museos e instituciones que se basan solo en inteligencia artificial. Acabo de visitar una en New York donde todo un recorrido de cuatro horas fue realizado absolutamente con IA. Mi cuestionamiento es: ¿qué va a pasar?
Yo creo que la gran pregunta en todos los artistas, no solo los que trabajan con nuevos medios, sino los que están experimentando con toda una digitalización y con un nuevo mundo, es que nadie tiene idea de dónde va a parar. Mientras tanto, una generación ha dejado de invertir o de comprar tanta obra porque ha cambiado el mercado del arte. Esto genera un montón de dudas y cuestionamientos que son los grandes cuestionamientos del mundo del arte hoy.
MC: Lo que me gustaría que se llevaran –al menos– es un cuestionamiento de hasta qué punto puedo cuidarme. Puedo cuidar mi identidad y tratar de repensar cada vez que utilizo mis datos o qué permito y hasta dónde lo permito. El social media tiene cosas positivas, articula y promociona gratuitamente. Al mismo tiempo nos ha alejado y ha creado una confusión muy grande en la humanidad. Lo que se espera de la exhibición es que el público se encuentre con una temática relativamente nueva y que se cuestione qué puedo hacer yo como sujeto en mi vida cotidiana para tratar de mejorar esto que ya ha empezado. De hecho, en China ya hay nuevas máscaras transparentes de Plexiglás que usan para evitar el robo de datos. Nos enfrentamos a un futuro totalmente distópico. Antes abrazábamos la tecnología con los brazos abiertos y ahora, con el uso abusivo de la inteligencia artificial, estamos repensando hasta dónde. Creo que va a ser uno de los cuestionamientos, y que hay una vuelta al ser humano, vuelta al alma, vuelta a la tierra, vuelta a lo autóctono, porque la tecnología ha avanzado décadas en los últimos cinco años, a velocidad luz. Este rompimiento que hubo en la pandemia, donde todo el mundo fue forzado a estar frente a un computador y conectándose a través del mundo digital, ha modificado muy rápido la relación entre la máquina, la tecnología y la humanidad.
MC: Es muy interesante porque en las últimas dos exhibiciones que se hicieron en el museo, tuve la experiencia de dar tours a las escuelas locales de Panquehue. Creo que al público que hay que acercar al museo es el público joven. Me encantó verlos porque están conectados totalmente con el teléfono. Están en Panquehue, pero de todas maneras están conectados con el mundo en social media e integrando toda esta digitalización del mundo. Creo que también es importante que el museo conecte y tenga narrativas que tengan que ver con el territorio. La muestra anterior, por ejemplo, fue Arte en la Naturaleza, dentro del Festival de Video Arte. Pero esto creo que es de suma importancia para incorporar a la comunidad joven y que realmente se articulen con un museo que está vivo y que habla de temáticas actuales. Eso más que nada es lo que lo articula con la región: atraer al público joven, que es el que va a poder continuar y hacer que el museo siga vivo.
Entrevista realizada por Diego Chicano
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Sobre Marisa Caichiolo
Marisa Caichiolo es artista y curadora, doctora en Historia del Arte y Psicología, especializada en los impactos sociales y políticos en la cultura. Fundadora de la Building Bridges International Art Foundation en Los Ángeles, ha desarrollado proyectos curatoriales en museos y centros culturales de América, Europa, Medio Oriente y Asia, y ha formado parte de equipos curatoriales en bienales como Cuenca, Casablanca, Sharjah y Denver. Actualmente integra el directorio de instituciones como el Museo Arte Al Límite (Chile), la Bugatti Foundation (Italia) y The Broad (EE.UU.).
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