Enero, 2026
La artista chilena Francisca Moreno encontró en el vellón agujado sobre tela un lenguaje propio, donde la pintura se construye puntada a puntada y la fibra reemplaza al pigmento. Su obra propone un cruce singular entre arte contemporáneo y técnica artesanal, reponiendo lo textil como una fuente primaria de expresión visual. Lejos de la lógica decorativa, su trabajo se afirma en la observación del paisaje, la memoria cultural y los oficios, tensionando las fronteras entre artesanía, pintura y práctica artística contemporánea.
Profesora de artes visuales de formación, su vínculo con lo textil se consolidó a partir de su experiencia pedagógica en Chiloé, donde comenzó a investigar de manera autodidacta las posibilidades bidimensionales del vellón. Desde entonces, ha desarrollado una técnica minuciosa que le permite construir imágenes nítidas, retratos y escenas de fuerte carga simbólica, expandiendo este lenguaje hacia el ámbito de la moda y la exhibición internacional. En 2025, su trabajo fue parte de La Noche de la Moda en el Museo del Louvre, donde presentó, junto a un equipo de artistas chilenas, un traje de huasa y otras piezas que dialogan con el territorio, los materiales y la historia visual de Chile.
Dentro de su proceso exploratorio con el vellón agujado sobre tela, en el que ha ido probando herramientas y distintos tipos de fibra para lograr imágenes nítidas, descubrió en la interpretación de obras ya existentes un territorio fértil de creación. De allí surgen sus piezas textiles inspiradas en obras fundamentales de Vincent van Gogh, Gustav Klimt y Oswaldo Guayasamín.
“Me enamoré del proceso y del desafío de realizar retratos realistas con vellón. Cada vez el trabajo se volvió más pulcro, más fino, más consciente. Ahí encontré mi lenguaje y, con el vellón, me reconocí como este híbrido entre artesana y artista. Pintar con vellón agujado, a nivel internacional, es algo nuevo y poco conocido, y esa dualidad es la que me impulsa a seguir creando”, explica Francisca.
Además de trabajar en sus propias creaciones, Francisca lidera Materialidades que hablan de Chile, un proyecto que fundó con el objetivo de articular arte, artesanía y moda a partir del uso del vellón agujado, el cobre y fibras vegetales como el mahute, para representar paisajes, territorios y memorias del país en piezas contemporáneas. Nacido en París, desde el diálogo entre creadoras chilenas y la experiencia de la diáspora, el proyecto busca visibilizar las materialidades propias de Chile y su potencial creativo, trasladando oficios tradicionales a un lenguaje actual, con la proyección de expandirse por Europa y exhibirse también en Chile.
La descripción de tu trabajo remite a un recorrido por la obra de Violeta Parra y por la tradición de las arpilleras. ¿Cómo dialoga tu obra con esta memoria histórica y cultural chilena?
Violeta Parra fue una mujer pionera en la artesanía chilena. Desafió los estándares de su época para adentrarse en un mundo del arte que muchas veces es frío y distante. Sin embargo, logró ser la primera mujer chilena y latinoamericana en exponer en el Museo del Louvre, utilizando materiales de bajo costo y considerados simples para ser obras de arte. Aun así, quebró el paradigma del arte clásico basado en técnicas como el óleo o la acuarela, y demostró que desde lo textil también se puede expresar y dialogar con el entorno y el territorio.
Para mí, su trabajo es un referente claro de que el material puede habitar todos los ámbitos posibles. Cada vez que tomo la aguja para “pintar”, siento esa herencia. Reflejar nuestro territorio con una fibra tan simple —y muchas veces mal mirada— me motivó a darle un espacio en el ámbito artístico y a tensionar esos nuevos paradigmas que aún existen entre artesanía y arte. En Chile, además, el vellón casi no se trabaja de manera bidimensional, por lo que retratar imágenes, paisajes y personajes populares a través de esta técnica se vuelve un desafío poco habitual dentro del campo pictórico. En ese cruce entre fibras, memoria colectiva y herencia cultural popular, mi obra busca siempre acercar esta innovación al público, desde un lenguaje que ha sido reconocido también a nivel internacional.
Tu trabajo se sitúa en un territorio híbrido entre pintura y textil, donde cada puntada funciona como un trazo. Desde tu perspectiva, ¿qué permite este cruce y qué puede significar para el arte contemporáneo incorporar técnicas artesanales en un lenguaje visual que dialoga con la pintura?
El uso innovador de la fibra de vellón llevada a lo pictórico permite esta fusión de áreas que no es habitual. Finalmente, estoy utilizando fibra teñida de manera artesanal como si fuera pintura, llevándola a un plano de expresión personal. Para mí, el proceso es muy similar al de pintar: realizo un boceto, preparo la superficie y utilizo la aguja como pincel, dando miles de puntadas para unificar las fibras color por color.
Aunque el material sea distinto, el gesto es el mismo. Esto tensiona el concepto de pintura clásica o academicista, porque te lleva al límite entre lo natural de la fibra y lo artesanal del acto de puntar para construir una imagen. Incorporar lo artesanal en lo contemporáneo es, en cierto sentido, volver a lo esencial, a lo primitivo, a formas de hacer que existen desde hace miles de años. Hoy contamos con más herramientas y conocimiento técnico, lo que nos permite desarrollar nuevos lenguajes. En mi caso, ese lenguaje se articula desde lo que conocemos como pintura, pero con una materia prima completamente distinta.
En tu proceso también has trabajado a partir de obras preexistentes, llevándolas a la pintura con fieltro agujado. ¿Qué significa para ti “copiar” una obra y qué diálogo se establece entre original y representación?
Más que “copiar”, prefiero hablar de representar una imagen. En mi proceso personal fue importante trabajar a partir de autores que me inspiran por su uso del color y la forma. Eso fue parte de mi camino para comprender el comportamiento de la fibra y para encontrar mi propio dialecto visual. Como muchos artistas, tengo referentes claros; en mi caso, siempre lo fue Van Gogh.
Llevar obras ya establecidas a esta técnica es traspasar un límite y proponer una lectura textil contemporánea, tanto del artista como de su obra. También permite que el espectador se enfrente a una disyuntiva: preguntarse si lo que observa es una reproducción o no. Técnicamente no lo es, porque el material es completamente distinto al original. Ahí se produce un diálogo interesante entre la imagen conocida y su representación en vellón. Además, este material genera una sensación distinta, más cálida y sensorial, que abre otra forma de relación con la obra y con la historia del arte.
Entrevista por Javiera Paz Fernández.
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