Diciembre, 2025
Hace 80 años, Gabriela Mistral ganó el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera Latinoamericana en recibirlo, por lo que a lo largo de este año, el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) ofreció una extensa programación en su conmemoración. Entre obras de teatro, conversatorios, exposiciones y publicaciones de libros, surge una muestra en igual partes englobante y sensible.
La Ronda Infinita, curada por Josefina de la Maza, es una exposición que reúne a 28 artistas en torno a un gesto colectivo, afectivo y profundamente actual. El título proviene del poema “¿En dónde tejemos la ronda?” de Gabriela Mistral, activando su obra patrimonial desde el arte contemporáneo. En éste, la poeta describe una ronda que fluye a través de la comunidad, la naturaleza, los niños y el juego; nociones que De la Maza rescató para tramar una red donde los vínculos prevalecen sobre la obra.
El trabajo de la curadora se construye desde la intuición, el cuidado y una cercanía con las artistas, entendiendo la exposición como un tejido, en el cual señala el coleccionismo como una forma de empoderamiento, y pone especial énfasis en visibilizar el ecosistema completo del museo como parte fundamental de la ronda.
Esta muestra, organizada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, a través de su Secretaría Ejecutiva de Artes de la Visualidad, y junto con el Centro GAM, es una dedicada construcción revelada por la curaduría de Josefina de la Maza, quien conversó con Ch.ACO y nos compartió los procesos e intenciones detrás del proyecto.
Modos de tejer una conmemoración
Ch.ACO: Algo que nos interesa mucho es tu punto de vista como una curadora que hace dialogar el arte contemporáneo chileno con el patrimonio cultural. ¿Nos puedes hablar, desde tu perspectiva, de la importancia de conmemorar los 80 años del premio nobel de Gabriela Mistral con una exposición como la tuya?
Josefina de la Maza: Este año han ocurrido cosas muy interesantes [en el contexto de conmemoración], y lo que no quería era caer en una ilustración de Gabriela Mistral. Me interesaba buscar obras que fueran sensibles a las temáticas que aborda en su poesía, como las ideas sobre la naturaleza, los oficios, y los cuidados. Si hay algo que me ha marcado estos últimos años ha sido el genocidio en Gaza, además de muchas otras situaciones de corte geopolíticas que afectan a niños. Pensé en la atención que puso Gabriela Mistral en las infancias durante toda su carrera, y me pareció importante intencionar eso, y reactualizarlo. En este contexto me gustaría destacar la exposición “Juegos de niñxs” de Francis Alÿs en el Centro Nacional de Arte Cerrillos (CNAC), una exposición preciosa que también alude a temas similares. Son proyectos distintos pero que comparten una cierta sensibilidad en el juego.
Ch.ACO: Siguiendo esta conexión que haces con la contemporaneidad global, ¿cómo ves tú la relevancia de GM a nivel internacional?
JdlM: Sigue siendo súper relevante hoy. Si uno lee sus textos, son tremendamente actuales. En el libro Grandeza de los oficios hay reflexiones sobre oficios, sobre materiales, sobre el saber hacer, recados a artistas, y todos esos textos apuntan a cuestiones que son contemporáneas en un mundo complejo como el de hoy, en donde abunda la destrucción. Se me hacía importante volver a lo social, a lo que tenemos cerca, volver a establecer lazos comunitarios fuertes. Pensar, también, en qué hacemos, para qué hacemos, y qué hacemos con lo que hacemos.
Ch.ACO: Partiste desde el poema y lo convertiste en algo mucho más amplio, sobre todo seleccionando artistas de distintas generaciones y medios. ¿Cuál era tu intención al hacer este diálogo intergeneracional?
JdlM: Mi intención era pensar en cómo artistas de distintas generaciones responden a problemas similares. Que se lograra un diálogo de todas las piezas con las obras más antiguas, como las de Mariana Núñez del Prado, con su busto de Gabriela Mistral, y Laura Rodig, que es el yeso de la mano de Gabriela. A partir de ese eje, quería que artistas con prácticas distintas entre sí, rodearan a Gabriela, generando una gran ronda en donde todas las obras son parte de un tejido. Quería que apareciera el gesto de dar la mano y que fuese un gesto importante – “dame la mano y danzaremos”. En ese sentido, están en sintonía, por ejemplo, la mano de Gabriela, el video de Constanza Alarcón-Tennen, el video de Catalina Bauer y la obra de Francisca Sánchez.
Ch.ACO: Es muy interesante lo que pasa hoy en el arte contemporáneo con el arte textil, justamente con respecto a lo que tú hablas, de esta sensibilidad, y de retomar el oficio. ¿Qué le aporta un medio como el textil a una muestra como esta?
JdlM: Hace unos años, hice la exposición “Tejido social: Arte textil y compromiso político” en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, así que para mí el textil es súper importante. Creo que lo que aportan medios como la cerámica, y sobre todo el textil, es lo táctil, es entrar en comunión con otros sentidos. Ellos te invitan a relacionarte con las obras desde otro lugar, a reconectarse con el tocar, a darle importancia al sentir, y así darle más sentido al cuerpo a partir de fibras. Creo que en la exposición eso se logra con el bordado de Maruja Pinedo, los tapices de Paulina Brugnoli, las obras de Daniela Pizarro, Vania Caro y Nury González – obras que, en todo caso, son súper distintas. No son uniformes, y creo que eso aporta a la exposición, porque lo que hacen es marcar pequeños contrapuntos que permiten jugar desde otro lugar.
Los distintos hilos
Ch.ACO: Con respecto a los orígenes de las obras que escogiste: ¿la mayoría vino de las artistas, fueron préstamos de ellas, o de colecciones, de museos? ¿Desde dónde recogiste toda esta red?
JdlM: Eso es súper importante y también tiene que ver con lo que hacen ustedes, que es estimular el desarrollo del coleccionismo. Muchas provienen de la Subsecretaría [de las Culturas y las Artes], varias del Museo Nacional de Bellas Artes, de la Biblioteca Nacional, del Museo Gabriela Mistral de Vicuña y del Museo de Arte Contemporáneo (MAC). Me gustaría destacar, también, el rol de la Fundación Roser Bru. Hay además obras de coleccionistas privados, y muchas obras vienen de las mismas artistas. Es decir, yo creo que hay mucho que se puede potenciar en términos de coleccionismo a partir de esta exposición, porque son artistas que, por las condiciones mismas de sus obras, por ejemplo, textiles o cerámicas, no sé si entran en el mercado del arte de la misma forma que ingresa una fotografía, una pintura, o incluso un video. Me parece necesario estimular ese tipo de coleccionismo, muy necesario e importante. Muchas obras están en poder de las artistas. Hay artistas increíbles que también necesitan ser apoyadas desde ese punto de vista.
Ch.ACO: Desde la curaduría, ¿puedes ahondar en las nociones que retomaste de memoria, juego y comunidad de la exposición, específicamente siendo una curaduría feminista contemporánea?
JdlM: Cabe destacar que yo soy historiadora del arte – pienso todo como si los proyectos fuesen libros, más que en términos tridimensionales. Tuve la suerte de trabajar con un equipo de producción y montaje excelente, que es lo que hace posible que cuando uno entre en la exposición tenga esta sensación de cuidado. Yo puedo pensar muchas cosas, pero si no tengo una contraparte que sea capaz de materializar esas ideas, las cosas no funcionan tan bien. En este caso, siento que el montaje fue muy exitoso porque hubo un equipo que fue muy receptivo, y fue una pequeña ronda que se dio dentro del trabajo. Estuve leyendo a Gabriela Mistral todo el año, y creo que hay ideas que venía pensando de antes. Estuve muy atenta a ir destacando y modulando todo lo que iba encontrando en las lecturas de Gabriela, y sentí desde un principio que la exposición tenía que ser más intuitiva que teórica. Es en las conversaciones que se dan con los distintos equipos donde tiene que haber mucha confianza para que esa intuición se materialice.
La ronda hoy
Ch.ACO: Volviendo a la imagen que describe Gabriela Mistral, este ecosistema, ¿cómo crees que se ve la ronda hoy?
JdlM: Para mí, ahora, esa ronda es un deseo de lo que deberíamos tratar de lograr todos, desde los distintos campos, y creo que hay mucho que hacer desde las artes visuales. Una de las ideas de la ronda que quiero destacar sobre todo es la confianza; cuando uno está en contexto de juego, da la mano, se entrega, y esa entrega, ese arrojo, es algo que me gustaría que apareciera más. Creo que la ronda siempre está amenazada, sobre todo aquellas que están formadas por grupos más vulnerables. Hay que visibilizar, cuidar y proteger; es lo que nos queda en estos momentos.
Ch.ACO: Finalmente, ¿qué emoción o reflexión te gustaría que el público se lleve? ¿Y qué te gustaría que La ronda infinita les comunique a niñas y mujeres que la visitan hoy?
JdlM: Esta es una exposición que pensó mucho en el público del GAM, como exposición de verano y donde van muchas familias, y por eso también hicimos un punto de lectura en colaboración con la Biblioteca del GAM, al ingresar a la sala. Creo que el público merece vivir una experiencia estética que también sea amable para ellos. Me gustaría que la exposición fuese capaz de envolver cariñosamente a las personas. Que los niños se sientan cómodos y que despierta la curiosidad y las ganas de jugar en los adultos.
Al testimoniar cómo resuena la obra mistraliana mediante el arte contemporáneo, Josefina de la Maza da cuenta de ecos que reverberan en la práctica artística, especialmente en las obras y gestos de parte de artistas mujeres, quienes forman parte de un telar histórico que seguiremos tejiendo infinitamente.
Entrevista por Fernanda Grunewaldt
Sobre Josefina de la Maza
Josefina de la Maza es historiadora del arte, investigadora y curadora, doctora en Historia y Crítica de Arte por Stony Brook University y licenciada en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Actualmente estudia los vínculos entre las artes, las artesanías y los oficios. Curó la exposición Tejido Social: Arte Textil y Compromiso Político en el Museo de la Solidaridad (Santiago, 2019) y ha escrito sobre la obra de Paulina Brugnoli, las bordadoras de Isla Negra y arpilleras políticas. Ha sido becaria de la fundación Coimbra, la Social Sciences Research Council, la Fundación Fulbright, FONDART y ANID.
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