Septiembre, 2025
Delight Lab es un colectivo chileno de arte lumínico fundado por los hermanos Andrea y Octavio Gana, cuya obra se ha vuelto reconocible por convertir edificios, monumentos y paisajes naturales en superficies de reflexión. Sus intervenciones —como la proyección “Dignidad” en la Torre Telefónica durante el estallido social, las iluminaciones sobre el glaciar Grey en la Patagonia o la serie Phases en el Centro Cultural La Moneda— han marcado la memoria visual del país y traspasado fronteras. A través de la luz, el sonido y la palabra, Delight Lab compone experiencias efímeras y poéticas que transforman lo común en un acto de resonancia colectiva.
Te invitamos a conocer más de su trabajo en esta entrevista exclusiva para Ch.ACO
La luz siempre nos ha parecido un lenguaje universal, transversal y profundamente humano. Es energía, memoria y símbolo. Desde el inicio quisimos explorarla no solo como un recurso estético, sino como un fenómeno capaz de transformar espacios y percepciones. Nuestra investigación e inspiración viene tanto de la antigua fantasmagoría —esas primeras experiencias de asombro lumínico— como de los grandes artistas de la luz y mediales como James Turrell, Rafael Lozano-Hemmer y Krzysztof Wodiczko por nombrar a sólo a tres.
Referentes nacionales del arte y la poesía como el Grupo CADA, Alfredo Jaar, Cecilia Vicuña, Vicente Huidobro, Nicanor Parra y Raúl Zurita, que nos enseñaron cómo un gesto poético puede tener una fuerza política y transformadora.
Cada lugar tiene su propia resonancia, su memoria y su carga simbólica. Escogemos espacios que permitan amplificar un mensaje o una reflexión, concebir la ciudad como un paño, competirle el espacio a los letreros publicitarios con arte, con poesía, con cuestionamientos. El diálogo surge de escuchar la historia del sitio y de conectar con lo que está ocurriendo en el presente social y cultural. Así, el mensaje no se impone: se entrelaza con la arquitectura, el acontecer del presente y a la vez con la memoria colectiva.
Las colaboraciones son parte esencial de nuestra práctica. Entendemos el arte como un tejido, y ese tejido se expande cuando trabajamos con comunidades, organizaciones y otros creadores. Cada colaboración nos abre nuevas preguntas y nos permite ampliar las posibilidades de la luz como lenguaje, desde causas sociales hasta diálogos interculturales. Mucho aprendizaje y humildad, cruzarnos con Zurita, con Cecilia, con Jose Vidal y su compañía de danza, con Alfredo Castro en teatro, Las Tesis en performance y ahora último con Sebastáin Lelio y el maravilloso equipo tras el film La Ola, y con colegas de nuestro nicho como Marco Martinez y también músicos como José Tomás Molina, Cuti Aste y Ángela Acuña, es fenomenal, muchos que no vamos a nombrar porque la lista es larga.
En muchas ocasiones ha sido clave, la tecnología es herramienta, el arte es el gesto sensible, y en muchas ocasiones la memoria ha sido el sustrato que le da sentido. Nos interesa cómo la luz puede reactivar memorias dormidas o invisibles, y cómo la tecnología puede ser usada con un espíritu poético y no solo funcional. Pero no sólo de memoria en sí mismo, también buscamos evocar futuros posibles más allá del molde, abrir imaginarios es algo clave para nosotros y una de las inquietudes principales en nuestro existir.
Para nosotros es un honor y también una responsabilidad. Franklin es un territorio de oficios, de resistencias y de memoria popular. Estar aquí nos permite conectar nuestro trabajo lumínico con esa energía viva de proyectos emblemáticos y nuevos proyectos que van apareciendo y que son muy estimulantes. Ch.ACO+ es una plataforma que abre el arte a distintos públicos, y hacerlo en este contexto lo hace aún más potente.
Creemos que la luz es uno de los lenguajes más democráticos que existen: no exige traducción, no discrimina, llega directo a la experiencia sensorial. Nuestro trabajo busca precisamente eso: abrir un espacio común donde distintos públicos puedan compartir un asombro o una reflexión sin necesidad de códigos previos. En ese sentido, sintonizamos plenamente con la apertura que propone la feria.
Esperamos que vivan un momento de contemplación y conexión, que la experiencia los saque por un instante del ruido cotidiano y los lleve a un lugar más profundo. Con nostalgia de lo Inconmensurable queremos invitar a sentir la dimensión poética y conexión con elementos de la naturaleza. Es un poema que inspira sus bases simbólicas en el I Ching entonces toma elementos que nos hace preguntarnos si somos o no seres de la naturaleza propiamente tal, qué tan conscientes estamos de esa condición.
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