Marzo, 2026
La próxima edición de Ch.ACO se perfila como un punto de convergencia clave entre escenas artísticas de América Latina y Estados Unidos. En su versión número 16, la feria contará con la presencia de curadores y representantes de importantes instituciones museales norteamericanas que llegan a Santiago con un doble interés: observar de cerca la producción contemporánea chilena y, al mismo tiempo, fortalecer vínculos sostenidos con el arte latinoamericano desde perspectivas curatoriales, filantrópicas y de colección.
Entre los participantes se encuentran Clare Kobasa, curadora asociada de dibujos, grabados y fotografías del Saint Louis Art Museum; Antonieta Landa, Senior Manager at Individual Giving del Museo Guggenheim de Nueva York; y Rory Padeken, curador del Denver Art Museum. Desde distintos roles institucionales, los tres coinciden en una misma lectura, y es que las ferias de arte contemporáneo se han vuelto espacios fundamentales no solo para la circulación de obras, sino también para la construcción de relaciones de largo plazo entre museos, artistas, galeristas y coleccionistas.
En ese marco, Ch.ACO aparece no solo como vitrina, sino como dispositivo de contacto directo con una escena local que busca mayor proyección internacional, especialmente en diálogo con Estados Unidos, donde el interés por el arte latinoamericano ha crecido de forma sostenida en los últimos años.
Desde el Saint Louis Art Museum (Museo de Arte de San Luis), Clare Kobasa subraya el carácter abierto e impredecible de estos encuentros. Para la curadora, especializada en obras sobre papel, la feria funciona como un espacio de activación más que de mera observación. “Para mí, esta feria es un punto de partida muy estimulante. Es una oportunidad de enfocarme en el arte latinoamericano desde la experiencia directa, y sé que me voy a beneficiar enormemente de los contactos y encuentros inesperados que surgen en estos espacios”, señala.
Kobasa destaca que las ferias no solo permiten ver obras, sino también abrir conversaciones institucionales: “Espero que estos intercambios permitan pensar cómo apoyar el trabajo de los artistas y cómo cultivar nuevas generaciones de visitantes para los museos”.
Desde su institución, el vínculo con América Latina ya tiene una presencia activa. El museo mantiene en paralelo exposiciones que cruzan temporalidades y geografías, como la muestra dedicada al artista peruano Blas Isasi, cuyas esculturas dialogan con la cosmología andina, o una reciente exhibición de textiles andinos que revaloriza prácticas indígenas históricas en Bolivia.
En esa línea, Kobasa enfatiza que el desafío no es solo incorporar obras latinoamericanas, sino entenderlas dentro de relaciones más amplias entre pasado y presente. “Como alguien cuya formación está principalmente en el arte histórico, me interesan profundamente las preguntas sobre cómo las obras de arte dialogan simultáneamente con lo que las precede, al mismo tiempo que transforman las condiciones o posibilidades de lo que vendrá”.
Desde una perspectiva distinta, Antonieta Landa sitúa el foco en el rol de los coleccionistas y las redes de apoyo institucional que articulan el arte latinoamericano en el circuito global. Su trabajo en el Solomon R. Guggenheim Museum se vincula, entre otros círculos de donors, directamente con el Latin American Circle, una iniciativa de donantes que ha sido clave en la expansión de la colección del museo.
Según explica, muchos de sus integrantes no solo coleccionan, sino que también impulsan residencias, fondos y programas de apoyo a artistas en distintos países de la región. “No se trata únicamente de coleccionar, sino de activar mecanismos concretos para fortalecer el ecosistema artístico”, plantea.
En ese sentido, Antonieta Landa señala que las ferias internacionales cumplen un rol estratégico. “Estos coleccionistas participan activamente en ferias como Art Basel Miami Beach, Zona Maco o ARCO Madrid. El cruce con Ch.ACO permite acercarlos a la escena chilena y, al mismo tiempo, mostrar cómo pueden contribuir a un sistema artístico más sostenible”.
Antonieta Landa también atisba que el interés por el arte latinoamericano contemporáneo en Estados Unidos es cada vez más evidente, impulsado en parte por la creciente diáspora latinoamericana que incide directamente en las dinámicas de consumo cultural. Según explica, esto se refleja en distintas instituciones que han comenzado a incorporar de manera más sostenida a la región en sus programas y narrativas. “Un ejemplo interesante es el Whitney Museum, donde la curadora Marcela Guerrero ha impulsado con fuerza una mirada hacia el arte latinoamericano dentro de una institución que constantemente se pregunta qué significa arte americano”, subraya.
Desde el Denver Art Museum (Museo de Arte de Denver), Rory Padeken propone una lectura más estructural del rol de los museos en el sistema del arte contemporáneo. Su trabajo curatorial se inscribe en un proyecto de reconfiguración de galerías que buscan ampliar las narrativas tradicionales del arte moderno y contemporáneo.
El museo, explica, reúne cerca de 8.000 obras que abarcan múltiples geografías y temporalidades. Esta diversidad permite construir narrativas no lineales, donde el arte latinoamericano convive con otras tradiciones visuales en un mismo espacio expositivo. En ese contexto, la relación con Ch.ACO aparece como una oportunidad de expansión: “Vincularnos con ferias internacionales nos permite identificar artistas que están en diálogo con conversaciones globales y con preocupaciones contemporáneas”, señala.
Uno de los puntos más relevantes para Padeken es la posibilidad de adquisición y colaboración directa con artistas y galerías chilenas. Dado que el museo no posee una colección robusta de arte contemporáneo chileno, la feria se vuelve una instancia concreta de exploración y posible incorporación de nuevas obras.
Por otra parte, el curador señala que la presencia de Denver en Ch.ACO es una señal positiva, ya que hasta hace poco el arte latinoamericano había sido pasado por alto en los museos de Estados Unidos, aunque esta situación ha ido cambiando. “Existen numerosos vínculos históricos y culturales entre América Latina y Estados Unidos, y los museos con base en ese país podrán servir mejor a sus audiencias —y atraer nuevas— al ofrecer experiencias relevantes, incluso familiares, para una población de la región que crece rápidamente”, concluye.
_________________________________________
Entrevista por Javiera Paz Fernández.
Inscríbete al newsletter de Ch.ACO y Ch.ACO+
Descubre panoramas, actividades culturales, arte, entrevistas, encuentros improbables y +