Marzo, 2026
El Museo de Arte Contemporáneo de Quinta Normal (MAC) abrió este año las puertas de su histórica sede al artista chileno Fernando Andreo Castro, ganador del Premio de Residencia Ch.ACO 2025, para presentar Investigación hechiza. La muestra, curada por Ivón Figueroa Taucán, cuestiona el poder y los mecanismos de vigilancia contemporáneos, al mismo tiempo que da vida y visibilidad a cuerpos históricamente invisibilizados.
Investigación hechiza se instala en un edificio de 1918 que originalmente albergaba al Instituto de la Sociedad Nacional de Agricultura, institución dedicada a promover el desarrollo agrario y a defender los intereses de la élite terrateniente, en un contexto marcado por el auge del movimiento obrero. Más de cien años después, Fernando Andreo ocupa ese mismo espacio para desplegar un universo visual sobre latas, cartones, objetos abandonados y vestigios de protestas, pintando para visibilizar cuerpos sexodisidentes y racializados que los relatos oficiales han ignorado de manera persistente. Como explica el artista oriundo de Linares: “el ‘hechizo’ aparece cuando empiezo a trabajar con lo que no está pensado para ser arte: materiales encontrados, soluciones precarias, formas de resolver desde la carencia. Más que un concepto cerrado, es una manera de hacer. Tiene que ver con el truco, con arreglárselas, con construir algo con lo que hay a mano”.
El concepto de hechizo atraviesa toda la obra de Andreo Castro y, para él, tiene también una dimensión política. “El hechizo es una estrategia de supervivencia, pero también una forma de conocimiento que no pasa por lo académico ni por lo institucional”. En Investigación hechiza, este principio se evidencia en cada decisión del montaje. Los pilares sostienen las obras con clavos y relieves improvisados, formando un recorrido conectado entre pinturas, soportes inestables y materiales reutilizados. La exposición se transforma en un engranaje de itinerarios posibles, donde lo precario y lo inestable se colocan deliberadamente como herramientas para desbordar la arquitectura del museo y tensionar la noción tradicional de espacio expositivo, normalmente caracterizado por su impecabilidad.
Romper el “lienzo blanco” es otra de las constantes de Fernando Andreo. Sus pinturas se posan sobre superficies cargadas de historia y desgaste, no sobre un soporte neutro. “Cuando recojo materiales —basura, restos de protestas, objetos abandonados— no los limpio de eso, al contrario, trabajo con esa memoria. Entonces la pintura no es algo que se posa sobre una superficie ‘pura’, sino que entra en diálogo con algo que ya está marcado”, explica. La elección de materiales desechados y la presencia de vestigios del espacio público, como cartones, latas, pilares precarios, convierten cada pieza en un testimonio del conflicto y la resistencia, incorporando la ciudad y la protesta como relatos centrales.
Sobre estos soportes, el artista pinta cuerpos que desafían la norma, incluyendo personas sexodisidentes, indígenas, hombres tatuados, encapuchados y cuerpos en protesta enfrentando fuerzas armadas. También se evidencia una masculinidad que oscila entre la fuerza y la vulnerabilidad, y otras veces se expresa a través de un homoerotismo que busca su espacio respetado en el mundo. En todos estos cuerpos, el vestuario se vuelve lenguaje: cadenas, ropa de fútbol, ropa urbana, gestos de performance. “El vestuario funciona como una extensión del cuerpo, pero también como un código. Pueden leerse como amenaza, como pertenencia, como deseo. En ese sentido, el vestuario es una forma de resistencia, una manera de decir ‘esto soy’ incluso en contextos donde eso puede ser incómodo o peligroso”, afirma.
El MAC Quinta Normal, con su historia ligada a la modernidad, el orden y la legitimidad cultural, se transforma en un terreno de fricción —y, al mismo tiempo, de hechizo— para la obra de Andreo Castro. Junto a Ivón Figueroa Taucán, pensaron la exposición como una infiltración: no para adaptarse al museo, sino para hacer que el espacio tenga que convivir con otra lógica, desordenada, precaria, cargada de experiencias normalmente excluidas. Pilares tambaleantes, pinturas en soportes inestables, obligando al espectador a moverse en un territorio donde la seguridad del espacio institucional se rompe. “No es solo exponer dentro del MAC, sino usarlo como un campo de fricción, donde lo institucional y lo marginal se encuentren sin resolverse del todo”, explica Andreo Castro.
En diálogo con el espacio expositivo, el concepto de hechizo en su obra incorpora una crítica a los mecanismos de vigilancia en el espacio público, cuestionando qué cuerpos son observados y cómo. Esta tensión se traslada al público dentro del museo, donde los visitantes observan las obras pero también son observados, convirtiendo la experiencia en un juego de espejos que invierte la mirada y la idea de vigilancia. Como explica el mismo artista, “las cámaras funcionan como una especie de espejo incómodo, remiten a sistemas de control y a cómo ciertos cuerpos han sido históricamente vigilados, pero al mismo tiempo esas comunidades han tenido que inventar formas de visibilizarse, entonces hay una tensión constante. Ser visto puede ser peligroso pero también necesario. La pregunta ‘¿quién vigila a quién?’ me interesa justamente por eso. No es solo denuncia, también es inversión de la mirada. Las cámaras en la obra no son neutrales, están insertas en una lógica hechiza precaria medio fallida, que desarma esa idea de control total”.
Con Investigación hechiza, y sumando parte de su obra a la colección de MAC Quinta Normal, Fernando Andreo Castro invita a recorrer un territorio donde la precariedad se transforma en relato y donde la calle y la protesta encuentran un lugar dentro del museo. La muestra plantea la pregunta “¿quién vigila a quién?” como reflexión sobre el poder, la mirada y la resistencia. A partir de materiales encontrados y desechos, Andreo Castro construye un arte que termina funcionando como un hechizo, capaz de transformar la mirada del público y reconfigurar el espacio que lo contiene.
Entrevista por Javiera Paz Fernández.
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