Chile · Arte Contemporáneo

Nuevos Espacios

Por Carolina Castro Jorquera, curadora del programa Planta.

 Desde comienzos de 2016, mi rol como curadora de Planta me ha llevado a desarrollar una enriquecedora labor de investigación y observación de las diferentes plataformas de gestión independiente que existen a lo largo de América Latina, así como también a conversar con muchos de los agentes que hoy desarrollan su práctica en este escenario. Para mi sorpresa, ha sido más fácil tener acceso a información sobre las iniciativas que están operando en la región de Centro América y el Caribe que en la de Sudamérica.

Al parecer, esto tiene su origen en una anécdota frecuentemente citada que cuenta acerca de la exposición Ante América curada por Gerardo Mosquera en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, en 1992[1], en la cual éste no habría incluido artistas centroamericanos, en sus palabras, debido a la poca documentación y a la dificultad local de proporcionar información sobre lo que sucedía en estos países[2]. La muestra planteó nuevas reflexiones sobre el arte de la región y fue entonces que -por medio de exposiciones, publicaciones e iniciativas curatoriales- para un grupo de destacados profesionales se volvió indispensable iniciar una labor de edificación de la representación regional como un bloque activo y presente en el debate global. El resultado ha sido notorio. Y no sólo ha visibilizado a los artistas centroamericanos, sino que ha puesto en el mapa a toda una región, incluido el Caribe, con proyectos de gestión que hoy son referentes indiscutibles para todo el continente; TEOR/ética en Costa Rica, Diablo Rosso en Panamá, Proyectos Ultravioleta y Kamin en Guatemala y Beta-Local en Puerto Rico, por mencionar algunos[3]. Todos ellos han ayudado tremendamente a diversificar los espacios de producción simbólica en un escenario donde la institución tal y como la conocemos no importa tanto como la movilidad, las relaciones, las coyunturas y las redes para producir proyectos que promueven el arte en la escena local e internacional.

En este nuevo panorama no podemos decir que Sudamérica se ha quedado atrás, puesto a que el estatus quo institucional es muy similar al de nuestros hermanos centroamericanos. El surgimiento de espacios de producción y creación bajo modelos de gestión independiente ha proliferado en los últimos años, transformándose en muchos casos en la herramienta más fértil de difusión y desarrollo del arte contemporáneo local. Iniciativas como Flora ars+natura, en Colombia, y Pivó, en Brasil, se proyectan como importantes referentes de la región, incentivando nuevos modelos de educación artística y prácticas curatoriales. En países como Perú, Argentina, Ecuador y Chile también hay un sin número de proyectos que trabajan en la producción de exposiciones o en la creación de canales de visibilización e infraestructura a nivel local, en vías de posicionarse con fuerza en el escenario internacional. En el caso específico de Chile, y como señala la periodista y fundadora de la plataforma online Artishock Alejandra Villasmil, “son estos espacios sustentables, y raramente las instituciones, los que han demostrado una capacidad real de leer el medio y difundir un arte contemporáneo local con identidad y fuerza. En este sentido, es la autogestión bien llevada un factor relevante y constructivo en la escena chilena, un sistema que activa ciertas capacidades creativas que luego son reutilizadas en otras áreas y con otros propósitos”.[4]

Si observamos todo el panorama continental, desde Chile hasta México -e incluidas todas las islas y archipiélagos- estas iniciativas son las que están creando nuevos modelos en un terreno institucional que, como en los años noventa, continúa siendo frágil. Es allí donde posiblemente radica el valor de sus modelos, ya que muchos de ellos se convierten con el tiempo en “la institución”[5], puesto a que como consecuencia de las restricciones económicas confluyen en un mismo lugar la libertad de desarrollar proyectos de diversas estéticas -y sobretodo de gran apertura de opinión frente a los acontecimientos políticos y sociales de cada lugar-, el profesionalismo de sus gestores y artistas y, principalmente, el conocimiento y sensibilidad que ambos pueden aportar a la sociedad. Actualmente las proyecciones a futuro no importan tanto como en los comienzos de nuestra “exotización cultural”, cuando nuestros antecesores luchaban por explicar al mundo quiénes éramos y como se definía “lo latinoamericano”. Hoy somos autovalentes y hemos conseguido hacer de nuestra precariedad una herramienta de productividad. Y es esa “precariedad productiva” -acuñando el término del curador guatemalteco Pablo José Ramírez- la que nos está permitiendo traspasar las limitaciones económicas, que bien hemos sabido sobre llevar mediante la creación de economías conceptuales y de amistad[6].

Como en su primera edición, el leitmotiv de Planta es reunir una selección de espacios que mediante la presentación de sus artistas invitan a aquellos otros integrantes del mundo del arte que confluyen en Ch.aco -como coleccionistas, galeristas y directores de museos, entre otros- a preguntarse y comprender por qué los espacios dirigidos por artistas, curadores o gestores independientes son una parte central y distintiva de la cultura del arte visual y cómo éstos presentan un conjunto complejo, heterogéneo y un necesario set de alternativas a la institución artística, el museo y la galería comercial. Está claro que ellos operan de manera diferente en sus lugares de origen que en el contexto de la feria, pero es este cambio el que vuelve este fenómeno aún más interesante de observar y analizar, despertando preguntas como qué posición ocupan actualmente los espacios autogestionados dentro del campo del arte contemporáneo; si deberían estar en oposición o en paralelo a otras estructuras del mundo del arte; cómo se atribuye el valor a estas prácticas a menudo transitorias y si este valor se reconoce dentro del campo; cómo se organizan estos espacios y si pueden los espacios autogestionados desarrollarse y sostenerse sin necesidad de institucionalizarse y qué aportan los espacios autogestionados a la ecología de la sociedad civil.

¿Qué podemos decir acerca de las trayectorias futuras o esperadas? El futuro siempre le carga el peso al presente. Puede resultar preocupante la fugacidad y corta vida de muchos de estos proyectos, pero al mismo tiempo esta característica es parte de la constante transformación de la materia y la energía, que cuando deja de estar concentrada en un esfuerzo específico se disemina y se va a otros lugares. Las condiciones de vida de cada una de estas iniciativas son diferentes, ya que los modelos que funcionan en un país, ciudad o barrio no necesariamente son exitosos en la localidad vecina. Porque a diferencia de las galerías del circuito comercial -que tienen un comportamiento más predecible y homogéneo- aquí siempre nos encontramos con la riqueza de lo inesperado, que obliga a estar constantemente probando formas diferentes de hacer, pensar y compartir. Planta es una invitación a observar y estar abierto a esa transformación.

[1] La exposición se mostró también en el Queens Museum de Nueva York, el Center for the Arts de San Francisco, el MADC de Costa Rica, entre muchos otros lugares.

[2] Anécdota relatada por Alicia Zamora Noguera en la publicación Lenguajes Contemporáneos desde Centro América Editado por Luisa Fuentes Guaza y publicado en 2013 por Turner.

[3] Vienen a mi mente también iniciativas que existieron paralelamente en países como Chile, Perú y Argentina, pero que cerraron por diversos motivos, pienso en Galería Chilena, La Culpable e Isla Flotante respectivamente.

[4] Villasmil, Alejandra. “Ser autogestor en Chile”. En coleccióncisneros.org

[5] Uso comillas ya que si bien utilizar la palabra institución resulta útil para entender la importancia que la iniciativa independiente toma, esta involucra a su vez responsabilidades y significados muy alejados de los que un espacio independiente puede cumplir.

[6] La economía conceptual es un término utilizado por los artistas Felipe Mujica, Johanna Unzueta y Karin Mundt que define como modo de colaboración la confrontación de ideas para la construcción de un contexto más amplio y generoso. La economía de la amistad es un concepto que aparece constantemente en la conversación sobre gestión independiente en América Latina, donde los vínculos afectivos se han convertido en un importante recurso de articulación de comunidad para la confección de nuevos espacios. (Fuentes Guaza, Luisa. “El vínculo como recurso–herramienta”. En coleccióncisneros.org)