Chile · Arte Contemporáneo

Ch.ACO Entrevista: Camila Opazo, curadora NAVE DE EDICIONES

Editora y directora de revista TONIC, Camila ha participado en distintas iniciativas independientes -como KM-0 Colectivo de artistas- y ha realizado workshops y asesorías en Color Animal, además de haber sido Directora Comercial en galería AFA. En 2016, nació el proyecto Biblioteca FAVA, un acervo de revistas de arte contemporáneo y libros de artistas de nivel internacional que se alimenta en gran parte gracias a la sección Nave de ediciones, de la que Camila es curadora. Hablamos con ella sobre el programa de este año y sobre el panorama editorial latinoamericano actual.

  1. ¿En qué consiste la segunda edición de la sección Nave de ediciones y qué se puede encontrar en ella?  

Esta edición representa un crecimiento respecto a la idea del año pasado, que consistió en dar a conocer el fuerte cuerpo de publicaciones de arte, diseño y teoría que se está desarrollando en la región. Para esta segunda versión nos adentramos en la hipótesis del libro objeto o libro de artista. En un mundo híper conectado, hemos ido perdiendo dos focos principales: primero, el diálogo entre el lector y el libro como experiencia personal; y segundo, la democratización de las publicaciones digitales, que en algún momento se transformaron en un exceso de consumo donde los libros como objeto perdieron protagonismo, ya que la idea del material, el tiempo de lectura, su propio peso y la relación con las imágenes contenidas en ellos fueron precarizadas frente a la necesidad de tener todo en un sólo dispositivo. La propuesta de este año es poner un freno a estos dos fenómenos y poder volver a mirar las publicaciones como un espacio de tiempo y reflexión de las obras y las ideas. Esto sumado a la posibilidad de que las obras de arte o la propuesta de cada autor pueden viajar por el mundo a menor costo, sin perder la relación personal con el espectador. Este año contaremos con editoriales de importante envergadura con respecto al tema, como los chilenos de Popolet, los peruanos de Meier Ramírez, el italiano Danilo Montanari, la revista chilena Mármol, y la editorial independiente argentina Big Sur, entre otros. Todas ellas son apuestas creativas, intelectuales y de distribución que permitirán el espacio de observación que planteo para esta edición.

  1. ¿Cuál es el criterio con el que eliges las editoriales que invitas a participar?​

Como editora de la revista TONIC siempre estoy en contacto con editores latinoamericanos, por lo que he ido conformando las diferentes inquietudes con respecto al sector de publicaciones de la feria. La idea de Nave es generar nuevas preguntas, no dar respuestas, y a su vez poder unir parte del cuerpo de editores de la región para reflexionar y comunicarse con los lectores. El criterio de selección tiene que ver con la hipótesis central y, desde esa pregunta, busco editoriales que puedan reflejar tanto por experiencia como por el proceso y el resultado lo que estoy proponiendo. Me interesa también convocar editores que crean en la comunidad, que fue el fuerte del año pasado. La instancia de los cinco días de feria y la convivencia siempre generan nuevas oportunidades y relaciones, lo que estimula a poder avanzar en un campo que a veces puede ser muy agreste.

  1. ​¿Cómo explicarías qué cosa es un libro de artista? ​¿Cuál es la diferencia con un libro como lo conocemos generalmente?

El libro de artista parte desde la misma base que un libro corriente, pero lo que cambia es el desarrollo de la idea. El soporte es más libre y el imaginario excede del texto, abarcando infinidades de recursos. Es un objeto que desafía la bidemensionalidad del libro de lectura común y generalmente tiene un tiraje de menor cantidad de ejemplares, logrando piezas de colección.

  1. Últimamente ha habido un alza en Chile de editoriales y microeditoriales. ¿Consideras que lo impreso está viviendo un buen momento en nuestro país?

En lo personal, me impresiona la cantidad de microeditoriales y editoriales que hay en Chile, ya que somos un país bastante academicista en el arte, lo que genera una suerte de coartación de los espacios de comunicación más libres. Aunque a esto se sume que muchas veces se cuenta con un público escaso y precario para este tipo de propuestas, aún así tenemos una fuerte relación con las publicaciones, lo que me parece bastante interesante en un país sísmico que siempre tiene en peligro sus archivos. A pesar de esto, no me atrevería a decir que estamos pasando por un buen momento, ya que asocio los buenos momentos a comunidades autosustentables con apoyos públicos y privados. Creo más que esta alza tiene que ver con una necesidad de comunicación y valorización de las ideas de nuevas generaciones que sienten la emergencia de cambiar los formatos. Para mí es un acto de vanguardia sensible que proyecta la idea de pertenencia y patrimonio.

  1. ¿Y cómo ves el tema en Latinoamérica?

Latinoamérica es una región excepcional que cuando se propone reaccionar como comunidad, surge como un pueblo fuerte. Por esto creo que existe bastante cercanía entre Chile y el resto de la región. Pienso que todos estamos en la búsqueda de la des-europeización de los lenguajes del arte y ello ha generado una fuerte alza de las publicaciones, un fenómeno en el que veo un poco más lento a Chile, pero no exento de él. Una diferencia importante respecto al resto de la región tiene que ver con los aportes de terceros para las editoriales; en otros países hay apoyo económico para estos proyectos y una conciencia general sobre la importancia de su existencia. Incluso, hay fuertes actos filantrópicos para su permanencia, algo que a Chile le falta. Creo que este espacio en Feria Ch.ACO permite poner la idea de que las publicaciones son parte importante de la cadena de valor de las obras de arte, no separando la afección simbólica de lo que se requiere del mercado en una instancia de estas características.